
El IDIGER explica que la percepción de un temblor depende del tipo de suelo y no de la cercanía al epicentro. Localidades del occidente y centro de la ciudad presentan una mayor amplificación de las ondas sísmicas.
Aunque muchas personas creen que un temblor se siente con mayor fuerza en los lugares más cercanos al epicentro, en Bogotá la intensidad con la que se percibe un movimiento sísmico depende principalmente del tipo de suelo sobre el que está construida cada zona. Así lo indican los estudios técnicos de la Alcaldía y del Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (IDIGER), que evidencian importantes diferencias entre las distintas localidades de la capital.
Según el IDIGER, buena parte del occidente y el centro de Bogotá se encuentran sobre antiguos depósitos lacustres y aluviales, formados por sedimentos blandos que quedaron tras la desaparición de los antiguos lagos y humedales de la Sabana. Estas características geológicas hacen que las ondas sísmicas disminuyan su velocidad al atravesar el terreno, pero aumenten su intensidad y prolonguen la duración del movimiento.
El estudio de microzonificación sísmica de Bogotá identifica como las áreas con mayor susceptibilidad a este fenómeno a las localidades de Kennedy, Bosa, Fontibón y Engativá, así como los sectores occidentales y centrales de Suba. También se encuentran dentro de esta categoría Barrios Unidos, Teusaquillo, Puente Aranda, parte de Los Mártires y la zona occidental de Santa Fe, donde el comportamiento del suelo favorece una mayor amplificación de las vibraciones.
Las autoridades precisan que esta condición no significa que estas zonas sean más peligrosas, sino que los habitantes pueden percibir los temblores con mayor intensidad y durante más tiempo. La información hace parte de los estudios técnicos que sirven de base para el diseño y la construcción de edificaciones sismorresistentes, conforme a lo establecido en la normativa vigente.
En contraste, las localidades cercanas a los Cerros Orientales, como Usaquén, Chapinero, San Cristóbal, Usme y el sector oriental de Santa Fe, están asentadas sobre formaciones rocosas y suelos más rígidos. En estas áreas las ondas sísmicas no se amplifican de la misma manera, por lo que los movimientos suelen sentirse más cortos y con menor intensidad.
Pese a estas diferencias, el IDIGER recordó que toda Bogotá está expuesta al riesgo sísmico debido a la ubicación de Colombia en una zona de alta actividad tectónica por la interacción de las placas de Nazca, Caribe y Suramericana. Por ello, recomendó mantener actualizados los planes familiares de emergencia, conocer las rutas de evacuación y verificar periódicamente las condiciones estructurales de las edificaciones como medidas clave para reducir el riesgo.
Por: Daniel Martín
Foto: Google maps y pexes / Publimetro
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