Dos historias, dos idiomas y una misma vocación en el Ejército Nacional
3 de Noviembre de 2026
Uno creció hablando portugués en Brasil y tuvo que recuperar la confianza para expresarse en español al regresar a Colombia. El otro aprendió portugués conversando con amigos y vecinos de la frontera. José Claudio Perdomo Vascones y Roberto Junior Guzmán Sarcos, dos jóvenes de 22 años nacidos en Leticia, Amazonas, tienen historias diferentes, pero hoy comparten una misma decisión: hacer del Ejército Nacional su proyecto de vida.

José Claudio tenía cerca de dos años cuando se fue con su familia a vivir a Benjamin Constant, Brasil. Su padre, de origen brasileño, hizo parte de las Fuerzas Militares de ese país, donde alcanzó el grado de sargento tercero. En Brasil, José Claudio creció hablando portugués, hasta que regresó a Leticia durante su adolescencia. Volver a comunicarse en español no fue sencillo. Aunque entendía lo que le decían, al principio le costaba responder y muchas veces se limitaba a decir sí o no. Con el tiempo, fue ganando seguridad para expresarse en el idioma de su país.
La experiencia de Roberto fue distinta. Alrededor de los once años comenzó a aprender portugués, gracias a sus amigos brasileños y a la cercanía entre las dos poblaciones. Cuando quería saber cómo se decía una palabra, preguntaba y luego la practicaba en sus conversaciones. Así, entre encuentros cotidianos y nuevas palabras, aprendió a comunicarse con quienes viven al otro lado de la frontera.
Aunque el idioma los conecta con experiencias diferentes, el Ejército marcó un punto en común en sus vidas. Ambos prestaron el servicio militar en el Batallón de Apoyo y Servicios para el Combate N.º 26, en Leticia. Allí conocieron de cerca la vida militar y encontraron razones para continuar en la institución, esta vez con la intención de convertirse en soldados profesionales.
José Claudio cumplió 21 meses de servicio militar y llegó a la Escuela con dudas sobre su capacidad para terminar el curso. Había conocido casos de jóvenes que no lograban culminarlo y temía que le sucediera lo mismo. Sin embargo, decidió continuar, y hoy está cerca de finalizar su formación militar. Para él, este avance representa la posibilidad de acercarse a las metas que se ha trazado y trabajar por un futuro estable.
Roberto también decidió regresar al Ejército, aunque antes tuvo otras experiencias laborales. Después de cumplir 18 meses de servicio militar, trabajó con su padre en labores del campo y ayudó a un primo en actividades relacionadas con el turismo.
Sin embargo, cuando veía las patrullas recorrer las calles de Leticia, recordaba su paso por la institución y volvía a pensar en la vida militar. Quería regresar, esta vez para quedarse y construir una carrera como soldado profesional.
En la Escuela, ambos afrontan jornadas que exigen disciplina, responsabilidad y compromiso. La formación los reta a dar lo mejor de sí, aprender de sus compañeros y trabajar en equipo. Es una etapa que los prepara para asumir las responsabilidades de la carrera militar y comprender el compromiso que implica servir a Colombia.
Detrás de la decisión de José Claudio está el apoyo de sus padres y hermanos. Aunque a su madre le gustaría tenerlo cerca de casa, respeta su elección y lo anima a terminar el curso. Él quiere aprovechar esta oportunidad para construir un futuro estable, formar su propia familia y continuar creciendo dentro del Ejército.
Roberto también encuentra en sus padres una razón para seguir adelante. Además, espera que sus hermanos vean en su experiencia una motivación para luchar por sus propios sueños. Sus aspiraciones dentro de la institución van más allá de convertirse en soldado profesional: quiere continuar preparándose, llegar a ser suboficial y, más adelante, tener la oportunidad de convertirse en oficial.
Hoy, los dos están cerca de culminar una etapa que eligieron después de conocer el Ejército durante el servicio militar. Sus historias comenzaron de maneras distintas, pero coinciden en la decisión de construir su futuro dentro de la institución. Con el respaldo de sus familias, avanzan hacia una meta que exige constancia y compromiso, pero que también representa nuevas oportunidades para sus vidas.
Desde Leticia hasta la Escuela de Soldados Profesionales, sus recorridos muestran cómo una experiencia puede convertirse en el comienzo de un nuevo propósito. Ahora, el reto es terminar su formación y estar preparados para asumir la responsabilidad de servir a Colombia.