
Gracias al apoyo de vecinos y donantes anónimos, lograron reconstruir bicicletas dañadas, comprar otras nuevas y entregarlas una a una a los pequeños, devolviéndoles no solo un medio de transporte, sino una dosis renovada de ilusión.
En una vereda escondida entre las montañas de Nariño, un grupo de policías de la Seccional de Tránsito y Transporte decidió que su labor podía ir más allá de los controles viales. Durante sus recorridos preventivos conocieron la historia de 18 niños de una escuela rural, quienes a diario enfrentaban largos trayectos para llegar al aula, algunos caminando, otros en bicicletas deterioradas, y varios sin la posibilidad de tener una.
La jornada también incluyó entrega de kits escolares, ropa y detalles personalizados. Uno de los momentos más emotivos fue la entrega de un castillo de princesa a una niña con discapacidad física que no puede montar bicicleta, gesto que convirtió la actividad en una verdadera celebración de empatía.Alejandro Morán fue designado como nuevo director del Fondo Mixto de Cultura Ipiales, tras...
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