
El artista llenó su presentación de símbolos culturales, guiños históricos y mensajes de identidad, unión y orgullo latino
Durante los casi 14 minutos que duró su presentación en el Halftime Show del Super Bowl LX, Bad Bunny ofreció un espectáculo cargado de referencias culturales, históricas y sociales que resaltaron la identidad puertorriqueña. Su puesta en escena combinó música, narrativa visual y un mensaje centrado en el amor, la fraternidad y el orgullo latinoamericano.
El show recreó escenas asociadas al concepto visual de su álbum “Debí tirar más fotos”, con una estética que evocó la vida rural y las tradiciones de Puerto Rico. La apertura, ambientada en una plantación de caña junto a campesinos con sombreros típicos jíbaros, marcó desde el inicio la intención de rendir tributo a sus raíces.
A medida que avanzaba la presentación, el escenario transitó hacia un entorno urbano inspirado en la cultura callejera, con carritos de comida, juegos de dominó, escenas cotidianas y referencias al boxeo. En este segmento aparecieron los boxeadores profesionales Xander Zayas y Emiliano Vargas, un guiño simbólico a la histórica rivalidad deportiva entre Puerto Rico y México.
Otro de los momentos destacados fue la aparición de “La casita”, una recreación de las viviendas tradicionales puertorriqueñas que el artista ha convertido en un emblema de su obra. En este espacio se pudo ver a varias figuras reconocidas del entretenimiento, como Pedro Pascal, Jessica Alba, Karol G, Cardi B y Young Miko, entre otros invitados.
El vestuario de Bad Bunny también generó conversación. El cantante lució un jersey blanco con el apellido “Ocasio” —en referencia a su familia— y el número 64, cuyo significado ha sido interpretado como una posible alusión histórica a la ciudadanía puertorriqueña o a eventos relevantes en la historia de la isla, aunque sin confirmación oficial.
El espectáculo continuó con escenas que recrearon una boda latina, la participación especial de Lady Gaga en versión salsa, y múltiples símbolos asociados a la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos. Comercios de barrio, referencias a apagones, sillas plásticas icónicas y la bandera puertorriqueña con el triángulo azul claro reforzaron el mensaje político, cultural y social.
El cierre del show, acompañado por las banderas de los países de América, consolidó un mensaje de inclusión, identidad y unidad continental. Más allá de la música, Bad Bunny utilizó el escenario del Super Bowl como una plataforma para reivindicar su herencia, visibilizar la cultura puertorriqueña y dejar una huella simbólica en uno de los eventos más vistos del mundo.
Por: Daniel Martín Foto: GQ México
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